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By Herman Melville

Bartleby, el escribiente es una de las narraciones más originales y conmovedoras de los angeles historia de l. a. literatura. Melville escribió este relato a mediados del siglo xix, pero por él no parece haber pasado el tiempo. Nos cuenta l. a. historia de un extraordinary copista que trabaja en una oficina de Wall highway. Un día, de repente, deja de escribir amparándose en su famosa fórmula: «Preferiría no hacerlo».

Nadie sabe de dónde viene este escribiente, prefiere no decirlo, y su futuro es incierto pues prefiere no hacer nada que altere su situación. El abogado, que es el narrador, no sabe cómo actuar ante esta rebeldía, pero al mismo tiempo se siente atraído por tan misteriosa actitud. Su compasión hacia el escribiente, un empleado que no cumple ninguna de sus órdenes, hace de este personaje un ser tan extraño como el propio Bartleby.
El libro está ilustrado por Javier Zabala, Premio Nacional de Ilustración 2005.

«Bartleby, que information de 1856, prefigura a Franz Kafka. Su desconcertante Protagonista es un hombre oscuro que se niega tenazmente a l. a. acción. El autor no lo explica, pero nuestra imaginación lo acepta inmediatamente y no sin mucha lástima. En realidad son dos los protagonistas; el obstinado Bartleby y el narrador que se resigna a su obstinación y acaba por encariñarse con él.»
Jorge Luis Borges

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Supongo que se refiere a Bartleby. No, hoy no, Turkey —contesté—; le ruego que vuelva a poner los puños en su sitio. Cerré las puertas y avancé de nuevo hacia Bartleby. Había incentivos adicionales que me tentaban. Ansiaba que se rebelara contra mí de nuevo. Y checklisté que Bartleby nunca abandonaba los angeles oficina. —Bartleby —dije—, Ginger Nut ha salido; haga el prefer de acercarse a los angeles Oficina de Correos —no se tardaba más de tres minutos a pie— y compruebe si hay algo para mí, �vale? —Preferiría no hacerlo. —¿Que no lo hará? —Prefiero no hacerlo. Me fui tambaleando hasta mi escritorio y me despatchedé allí a estudiar el asunto con detenimiento. Mi ciega obstinación regresó. �Había alguna otra cosa con los angeles que yo pudiera conseguir que esta flaca y pobre criatura, este oficinista al que había contratado, me contradijera de una manera humillante? �Existe alguna otra cosa, algo perfectamente razonable, que pueda, con toda seguridad, negarse a hacer? —¡Bartleby! No hubo respuesta. —¡Bartleby! —dije con un tono más alto. No hubo respuesta. —¡Bartleby! —grité. Como un verdadero fantasma, de acuerdo a las leyes de l. a. invocación mágica, al tercer llamamiento apareció en los angeles entrada de su refugio. —Vaya al cuarto de al lado y dígale a Nippers que venga a verme. —Preferiría no hacerlo —dijo despacio y con respeto, mientras desaparecía dócilmente. —Muy bien, Bartleby —dije en un tono serenamente grave, tranquilo y flemático, insinuando mi determinación irrevocable de algún castigo bad e inminente. En ese mismo momento mi intención fue hacer algo parecido. Pero por encima de todo, puesto que se acercaba mi hora de comer, pensé, con gran perplejidad y angustia mentales, que por ese día period mejor ponerme el sombrero e irme a casa dando un paseo. �Quieren que lo admita? El desenlace de todo esto fue que pronto se instituyó en l. a. oficina, como algo definitivo, que un joven y pálido escribiente, de nombre Bartleby, tenía allí un escritorio; que copiaba para mí a l. a. tarifa basic de cuatro centavos el folio —las cien palabras—, pero estaba exento siempre de revisar el trabajo que hacía, pues ese deber quedaba transferido a Turkey y a Nippers, una tarea de cortesía, sin duda, ante su more desirable eficiencia; además, nunca, bajo ningún concepto, se mandaría a Bartleby a un recado, aun el más nimio, fuese del tipo que fuese; y más aún, si se le rogaba que se ocupase de algo así, se entendería que por lo basic preferiría no hacerlo. En otras palabras, se negaría categóricamente. Según fueron pasando los días, me reconcilié con Bartleby en gran medida. Su seriedad, su falta de desenfreno, su constante diligencia —excepto cuando él decidía entregarse despierto a una ensoñación tras su mampara—, su gran calma, su inalterabilidad de conducta ante cualquier circunstancia, todo eso lo convertía en una valiosa adquisición. Un issue primary period que siempre estaba allí. Por l. a. mañana period el primero, a lo largo del día estaba permanentemente, y por l. a. noche siempre period el último. Tenía una confianza specific en su honradez.

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