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Best British Literature books

Charlotte Temple and Lucy Temple (Penguin Classics)

"Charlotte Temple" tells the tale of a tender English lady who elopes to the United States, basically to be cruelly deserted. The sequel "Lucy Temple" keeps the unique story, telling of the stories of Lucy, Charlotte's orphaned daughter.

The Monk (Penguin Classics)

‘Few might maintain the look of his eye, instantaneously fiery and penetrating’Savaged by means of critics for its intended profanity and obscenity, and purchased in huge numbers via readers desirous to see even if it lived as much as its lurid acceptance, The Monk grew to become a succès de scandale whilst it was once released in 1796 – now not least simply because its writer was once a member of parliament and purely 20 years previous.

Emma (Penguin Classics)

The end result of Jane Austen's genius, a gleaming comedy of affection and marriage Beautiful, shrewdpermanent, rich—and single—Emma Woodhouse is completely content material along with her existence and sees little need for both love or marriage. not anything, notwithstanding, delights her greater than interfering within the romantic lives of others. but if she ignores the warnings of her pal Mr.

Far from the Madding Crowd (Penguin Classics)

Thomas Hardy’s impassioned novel of courtship in rural existence   In Thomas Hardy’s first significant literary luck, self reliant and lively Bathsheba Everdene has come to Weatherbury to absorb her place as a farmer at the greatest property within the quarter. Her daring presence attracts 3 very assorted suitors: the gentleman-farmer Boldwood, the soldier-seducer Sergeant Troy, and the dedicated shepherd Gabriel Oak.

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No brotan ni florecen las rosas allá. No hay cambio; ni existe lo mudable y lo amable; no hay encuentros ni despedidas; no hay hallazgos furtivos ni tientos, en los que l. a. mano busca una mano y el ojo busca refugio del ojo. » Había llegado al patio del establo, donde estaban encadenados los perros, donde se encontraban los cubos, donde el gran peral extendía su escalera de ramas contra el muro. El árbol, cuyas raíces crecían bajo las losas, mostraba sus ramas cargadas de peras verdes. Tocando una, Isa murmuró: �¡Cuán cargada voy con lo que arrancaron de los angeles tierra! Recuerdos, posesiones. Esta es los angeles larga caravana que cruza el desierto. Arrodíllate, dijo el pasado. Llena tu cesto con los frutos de nuestro árbol. Levántate, borrico. Sigue tu camino, hasta que se te llaguen las patas y se te agrieten los cascos». l. a. pera estaba dura como una piedra. Isa bajó l. a. vista a las agrietadas losas debajo de las cuales se extendían las raíces. �Esta fue l. a. carga», musitó, �depositada sobre mí en l. a. cuna; murmurada por las olas; alentada por los inquietos olmos; canturreada por mujeres cantarinas; lo que debemos recordar; lo que no olvidaremos. » Levantó l. a. vista. Las saetas doradas del reloj del establo marcaban, inexorables, que faltaban dos minutos para l. a. hora. El reloj iba a dar las horas. �Y ahora viene el rayo del cielo azul piedra», murmuró Isa. �Se han roto las ataduras que los muertos ataron. Sueltas han quedado nuestras posesiones. » Unas voces l. a. interrumpieron. Pasaba gente por el patio del establo, hablando. �Es un buen día, dicen algunos, el día en que quedamos desnudos. Otros dicen que es el fin del día. Ven los angeles posada y al posadero. Pero nadie habla con una sola voz. Nadie habla con una voz liberada de las viejas vibraciones. Siempre oigo corruptos murmullos; el tintineo de oro y steel. Música loca…» Sonaron más voces. El público volvía a l. a. terraza. Isa se enardeció. Se animó. �Adelante, borrico, paciente camina. No escuches los frenéticos gritos de los jefes que, en su búsqueda, nos traicionan. Ni escuches el sonido de caras de porcelana, relucientes y duras. Antes escucha al pastor que tose junto al muro de los angeles granja; al árbol agostado que suspira cuando el jinete galopa; los broncos gritos en l. a. habitación del cuartel cuando l. a. desnudaron; y el grito que, en Londres, cuando abro l. a. ventana, alguien lanza…» Había llegado al sendero que pasaba junto al invernadero. De una patada abrieron los angeles puerta. Salieron los angeles señora Manresa y Giles. Sin que los angeles vieran, Isa los siguió por el prado hasta alcanzar las primeras filas de asientos. El chuf, chuf, chuf de los angeles máquina entre las matas había cesado. Obedeciendo las órdenes de los angeles señorita l. a. Trobe, habían puesto otra música en el gramófono. El número diez. Gritos de Londres, se titulaba. �Un popurrí. » �Espliego, dulce espliego, �quién me compra el dulce espliego? », trinaba aguda l. a. canción, en un vano intento de hacer que el público se reuniera en un rebaño. Algunos hacían caso omiso. Otros seguían paseando sin rumbo. Otros se detuvieron, pero se quedaron en pie.

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